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jueves, 20 de octubre de 2016

In memoriam



 Tras varios días de tristeza, poco a poco todo  vuelve a la normalidad. 

¿Normalidad?

Vuelves a la rutina diaria, a tus quehaceres mundanos, a vivir, pero ya nada es igual, ya nada será normal: me falta algo, me falta alguien, me faltas tú. 

Intento consolarme  y lo consigo repitiéndome hasta la saciedad que fue lo mejor para ti, que sufrías mucho, que con esa calidad esta vida no merece ser vivida… 

Pero sigues faltando tú. 

Ya echo de menos  tu sonrisa, tu fuerza, tu valor para enfrentarte a la enfermedad, tus ojos  brillantes,  tu preciosa voz que lo mismo reñía que interpretaba como los ángeles a tu Rocio. 

Pero tú que siempre fuiste fuerte, nos has dejado… y nos has dejado mucho  y sobre todo la fuerza para sobreponernos al sufrimiento. 

Ya no sufro, poco a poco  cambio dolor por añoranzas, lamentos por recuerdos y  través de estos  siempre vivirás en mí, y en Papá, y en mis hermanos. 

Pero con puro egoísmo guardo  un recuerdo  muy especial que solo es y será mío por siempre , como una bendita joya muy bien guardada, que poco a poco transforma la tristeza, casi desesperada, el dolor inconmensurable, en añoranza y en paz interior que endurece el espíritu sin perder la humanidad: haber podido cerrar tus ojos y  besar tu frente aún caliente.  

Gracias por haberme dado la vida y por todo lo que después me has dado. 

Hasta siempre, Mamá

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